
Quienes deciden saciar su curiosidad al penetrar el reino de Neptuno, encuentran en la Antilla mayor el valor añadido de descubrir en las profundidades galeones desaparecidos siglos atrás. Se calcula superan el millar y constituyen un atractivo singular, pues allí conviven en perfecto equilibrio representantes del reino animal y vegetal.
En este hábitat de peculiaridades insospechadas, multitud de erizos, estrellas de mar, anémonas, pulpos, barracudas y un sinfín de especies subacuáticas, seducen al espectador en cualesquiera de los 551 sitios reconocidos en el archipiélago para la práctica de la disciplina.
Los programas diseñados por el Ministerio de Turismo de la Isla incluyen inmersiones diurnas y nocturnas, que van desde la más sencilla hasta las de mayor complejidad a 40m, en arrecifes de coral, paredes, pecios y barcos hundidos, cavernas y túneles.
Existen alrededor de 150 guías con la más alta certificación y 37 Centros Internacionales de Buceo, entre los que se destacan los situados en el Hotel Comodoro y los de las marinas Hemingway y Tarará, en Ciudad de La Habana.
Pero, además, existen facilidades para adquirir cursos especializados con validez mundial; oportunidad extendida a los jóvenes interesados en ampliar sus conocimientos teóricos y prácticos. La propuesta docente varía e incluye todos los niveles, desde los de iniciación o resort hasta los de buceador en mar abierto y avanzado, dive masters e instructor, con especializaciones en fotografía, navegación y buceo profundo.